domingo, 20 de junio de 2010

Colombia: ¿brutos, dormidos o imbéciles?

Chuky Santos
Libardo García Gallego (kaosenlared)

Que la burguesía colombiana es inteligente en grado superlativo, que la exclusión social, que nuestra amnesia colectiva, que la indignidad mendicante, que nuestro origen étnico, que nuestro masoquismo ancestral, que la imbecilización generada por una paupérrima educación y por los medios de comunicación, en fin, se esgrimen múltiples argumentos tratando de explicar las absurdas decisiones populares, bajo el supuesto de que disfrutamos de la más antigua democracia latinoamericana.

Por ejemplo, pasado mañana elegiremos Presidente de la República y todo indica que Juan Manuel Santos, representante de la minoría ultraderecha oligárquica del país, será ungido por abrumadora mayoría. Su programa de gobierno sólo se diferencia en algunos matices del de su contendor menos malo, Antanas Mockus. Losabstencionistas no definen nada, así superen numéricamente a la población participante. Ayudaría a oxigenar el proceso “democrático” la exigencia del 70 por ciento del potencial electoral como mínimo de votantes para validar este tipo de elecciones.

Los de abajo escogen uno de sus peores patronos para que les siga dando garrote. ¿No es eso masoquismo?. Las Fuerzas Armadas legales e ilegales proveen los únicos empleos posibles hoy en Colombia. Las gentes del común, ignorantes del proyecto societal, estatal y gubernamental que defienden las guerrillas, le siguen endilgando a ellas su mala situación, el desempleo, la pobreza y todas sus carencias cotidianas. De un pueblo desconocedor de los recursos de su país, del funcionamiento de su economía, de su historia remota y próxima, de las relaciones políticas internacionales, de cómo se vive en otros países del planeta, de cómo luchan entre sí las clases sociales, no puede esperarse una opción en defensa de los derechos humanos pero sí por la esclavitud.



Ahora la burguesía colombiana, apoyada en su gran volumen electoral, se empeña en montar un gobierno de “unidad nacional” con el fin de conservar sus innumerables logros alcanzados a través de sucesivos gobiernos neoliberales, en particular del último: la entrega a las multinacionales y los monopolios particulares de las empresas más rentables del Estado, la destrucción de las conquistas laborales obtenidas durante varios decenios, la consolidación de inmensos latifundios a expensas de los pequeños y medianos campesinos obligados a desplazarse a las ciudades; la privatización de los servicios esenciales, como salud y educación; las nuevas concesiones otorgadas a las multinacionales mineras ya no bien vistas enNorteamérica y Europa, el fortalecimiento de sus ejércitos paramilitares, la donación de los dineros del Estado al fortalecimiento de grandes empresas agropecuarias, el depósito de la soberanía nacional en manos de los imperialistas, la concentración de la riqueza en un menor número de individuos.

En otras palabras, como los miserables ya no tienen otra opción para subsistir que las limosnas otorgadas por el Estado a través de Acción Social, de familias guardabosques, de los Informantes o Cooperantes, etc., entonces continuarán avanzando en su apoyo a los explotadores y saqueadores del Estado, en su respaldo a la filosofía del “todo vale”, cual si todos estos fueran sus mesías; irán olvidando cada vez más los valores constituyentes de las sociedades más justas e igualitarias. La dignidad humana, los principios humanistas, la honestidad, la ética, la igualdad social, la paz con justicia social, terminarán siendo para ellos meras ideas desechables, propias de pueblosarcaicos. Hoy más que nunca, la clase oligárquica, detentadora de los tres poderes públicos, ejerce en Colombia el completo dominio ideológico, político y económico sobre la masa ignara y sumisa.

Quienes sostenemos que es posible la construcción de otro país donde quepamos todos y todas en igualdad de condiciones, quienes enarbolamos modelos alternativos de sociedad y de Estado, tenemos que reiniciar la difícil y larga tarea educativa, demostrando que la lucha por la igualdad y la justicia social no es terrorismo sino derecho, que la democracia verdadera no es este remedo del que se ufanan aquí los burgueses y pequeño burgueses, “considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” (Declaración Unversal de los DD. HH.).

La primera misión es cambiar nuestra mentalidad individualista, de lobos contra ovejas, esa que nos introdujo la burguesía a través de la escuela, de la iglesia, de los medios y de sus demás instituciones, por una conciencia solidaria, respetuosa del derecho ajeno, reconocedora de la dignidad humana, de la igualdad y la justicia social como condiciones necesarias para vivir en paz.

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